Post-pornografía y pornoterrorismo: «La deconstrucción del dispositivo pornográfico»

Daniela Carrasco

«En un mundo donde el placer pasa por la imagen, esa es la gran mutación».

(Roland Barthes, 1980)

En la quinta edición de Entre Líneas, se publicó el artículo La relación entre feminismo y pornografía: «Una mirada hacia las tesis antipornografía de Dworkin y MacKinnon»[1], que aborda la mirada abolicionista hacia la pornografía por parte del feminismo de la década de 1980. Esta posición tiene como tesis que la pornografía se erige como un dispositivo instaurado bajo una mirada masculina y heterosexual, en que la mujer se presenta como un objeto-mercancía, despojándola de la condición de ser humano. También considera la matriz de opresores-oprimidos del marxismo clásico, en que la mujer es oprimida por el hombre incluso en lo más íntimo como es la sexualidad. Paralelamente, surgió la postura pro-sex, que, si bien afirma que la industria pornográfica se ha construido bajo un imaginario heterosexual, señala que no hay que abolirla sino más bien deconstruirla. Esto implica que las relaciones heterosexuales dejarán de ser la norma en este dispositivo, deviniendo en uno con nuevos imaginarios sexuales.

Este nuevo dispositivo se concebirá como post-pornografía. Se buscará marginar las relaciones heterosexuales por prácticas y deseos despreciables, el uso de aparatos BDSM,[2] y visibilizar otros cuerpos que no estarían en la norma social, por lo que deconstruye la belleza, al integrar categorías abyectas, de fealdad, de bestialidad y de obscenidad. La post-pornografía no solo es una manifestación artística, es también una herramienta de resistencia al sistema político, que presenta nuevos imaginarios sexuales que serán construidos por la performatividad del género. Luego, el post-porno llegará a radicalizarse aún más, cuando surge la noción de pornoterrorismo. Este último busca instalar shows performativos que generen terror a través de la transgresión de las categorías sexuales, las que buscan ser explícitamente ofensivas, con altos niveles de violencia y sumamente desagradables a los espectadores.

La norma y el dispositivo del saber-poder

Afirmar que la pornografía es un dispositivo que se construye bajo el imaginario heterosexual masculino, nos acerca a las ideas de Michel Foucault (1926-1984). Su obra problematiza sobre qué se entenderá por normal (la norma) y, por lo tanto, qué no (conductas marginales o periféricas). Así, cuando surgen los primeros centros de confinamiento (en el siglo XVII), según Foucault, se buscaría marginar a los locos, enfermos, criminales, pobres, y sodomitas, en la medida que estos “salen” de la moral burguesa imperante. Si en la Edad Media el loco podía vivir su locura extáticamente, para finales del siglo XVIII el loco será concebido como desviado,[3] por lo que surge la medicación y la diagnosis. Pero estas, no buscarían sanar al loco, sino más bien contener la norma burguesa de la época. Lo mismo ocurriría con el criminal en la cárcel. La norma indicaría un saber de categorías permitidas, gracias a instituciones como la escuela, el psiquiátrico, la cárcel, la familia. Este saber constituye el poder, el que no se entiende como lo concibió Francis Bacon –quién señaló que el conocimiento está al servicio del poder – pues para Foucault el saber y el poder son lo mismo (Castro, 2020). Y claramente, para Foucault, la norma también rige el saber sexual, pues también existirán “sexualidades periféricas”.

Por lo anterior es que la pornografía se erige como un dispositivo del saber-poder de las relaciones humanas. ¿Y qué significa “dispositivo”?[4] Foucault explica que es una “red”, un conjunto heterogéneo de discursos, instituciones, leyes, normas, concepciones morales y filosóficas, sería lo “no dicho”, esa red que une a cada uno de estos elementos. El teórico francés no es explícito, y así el dispositivo puede ser una institución como la cárcel o un hospital psiquiátrico, un discurso, los reglamentos, o formas de subjetividad como la sexualidad. Para Foucault:

“los discursos se hacen prácticas por la captura o pasaje de los individuos, a lo largo de su vida, por los dispositivos produciendo formas de subjetividad; los dispositivos constituirían a los sujetos inscribiendo en sus cuerpos un modo y una forma de ser. Pero no cualquier manera de ser. Lo que inscriben en el cuerpo son un conjunto de praxis, saberes, instituciones, cuyo objetivo consiste en administrar, gobernar, controlar, orientar, dar un sentido que se supone útil a los comportamientos, gestos y pensamientos de los individuos” (Fanlo, 2011, p.02).

Los dispositivos serían útiles al poder, concibiendo que el poder “son relaciones entre individuos, que consiste en que uno puede conducir la conducta de otro, determina la conducta de otro, es determinada voluntariamente en función de una serie de objetivos que son suyos (del poder) (…) El poder no es el ejercicio del gobierno, es el conjunto de relaciones de poder” (Foucault, 1981). Se observa así que para el pensamiento foucaultiano el poder es concebido como una relación inestable, rizomática, y que carece de centro. Es categórico en explicar que el poder no se tiene, se ejerce, y todos podemos ejercer el poder porque no es unidireccional. No reprime, no cohíbe, sino más bien es incitador y produce. Sin embargo, el poder puede moldear cuerpos para que estos sean manipulables dentro de la norma, lo que se conoce como la Biopolítica, entendiéndose como “el arte de gobernar los cuerpos libres” (Preciado, 2013). La pornografía como dispositivo sería una red de relaciones, discursos, y prácticas de poder, que norma lo que debemos saber por bueno y aceptable.

La deconstrucción y el dispositivo pornográfico

Si el dispositivo pornográfico se ha construido bajo las normas del saber-poder, instalando qué cuerpos y prácticas sexuales entendemos por bueno y deseable, este podría deconstruirse para presentar nuevos imaginarios sexuales que históricamente han sido marginados. La deconstrucción de la pornografía permitirá mostrar sexualidades, corporalidades y prácticas que no han sido visibilizadas, o directamente prohibidas. En Carta a un amigo japonés (1985), Derrida señala que la deconstrucción “consiste justamente en la delimitación de la ontológica y, ante todo, del indicativo presente de la tercera persona, S es P”. Deconstruir puede significar desestructurar, descomponer, dislocar las estructuras de los conceptos (Vásquez Rocca, 2016). Humberto Giannini (1927-2014),[5] explica que “lo que se deconstruye son ciertas aparentes dicotomías creadas por las categorías de la metafísica de la presencia, tales como íntimo/externo, sensible/inteligible, significante/significado, copia/original, etc.” (Giannini, 2005, p. 425). Estos son conocidos como los opuestos binarios. En un sentido metafísico, todo concepto (tesis) tendría su opuesto (antítesis), empero para la deconstrucción esto es contradictorio, pues no se es ni uno, ni lo otro, ya que “muestra la imposibilidad de ambos extremos. No postula nada, sino que denuncia su debilidad” (Ídem).

Con Foucault ya se concebía la existencia de un centro (que sería la norma) y un margen (lo considerado desviado y anormal). Pues esta noción integra la dicotomía marxista al suponer que el centro implica la tesis del opresor, y el margen o periferia la del oprimido. Entonces en los opuestos binarios (como hombre-mujer; heterosexual-homosexual; humano-animal, etc.) uno será considerado norma-opresor, y otro margen-oprimido. Ante este escenario la deconstrucción defiende una descentralización para romper con esta supuesta jerarquía de injusticia. Por eso, se debe invertir el margen con el centro: ahora la mujer, el homosexual, o lo animal pasarían a ser el centro (el opresor) para que el hombre, el heterosexual o lo humano, devengan en el oprimido (margen), invirtiendo esta jerarquía sistemáticamente para que, finalmente, se elimine esta relación jerárquica de centro-margen.

En consecuencia, la deconstrucción sirve como estrategia para descomponer el dispositivo pornográfico al buscar marginar las relaciones heterosexuales (que supone son la norma) por otras sexualidades como las homosexuales, pero también al deconstruir el binario de sexos cuando ingresa el concepto de género. Así, la deconstrucción del dispositivo pornográfico se instalará como una herramienta política para subvertir la sexualidad y por extensión, los imaginarios sociales.

La post-pornografía

La deconstrucción del dispositivo pornográfico busca diluir la norma sexual, es decir, relaciones sexuales heterosexuales monógamas. La post-pornografía responderá a esta propuesta, mostrando prácticas artísticas que históricamente han estado en el margen: relaciones homosexuales pero que no buscarán erotizar al espectador, la utilización de objetos ambientados con un look BDSM y/o de aparatos ortopédicos, así como otras experiencias que desvíen el protagonismo de los genitales a otras zonas. El porno, en palabras de Sáez (2015): “[…] es un género (cinematográfico) que produce género (masculino/femenino). [Pero] El postporno es un subgénero que desafía el sistema de producción de género y que desterritorializa el cuerpo sexuado (desplaza el interés de los genitales a cualquier parte del cuerpo)”. De esta manera, copa y satura el dispositivo con otras prácticas.

En 1989 en el teatro Harmony de Nueva York se vio la propuesta pornográfica de la actriz Annie Sprinkle, quien usaba lencería de encaje, maquillaje cargado y tacones altos; se sienta en un sillón, abre las piernas y se introduce un espéculo en su vagina. Ante esta escena, invita a los espectadores a acercarse para ver dentro de ella. “Asómense y verán que no tiene dientes”, señaló Sprinkle. La actriz toma el enfoque post-pornográfico del fotógrafo Wink van Kempen (Smiraglia, s,f), pues a su juicio era mejor estrategia que oponerse a la pornografía, ya que “la respuesta al porno malo no es la prohibición del porno, sino hacer mejores películas porno” (Sprinkle en Despentes, 2007, p.73). Estas actuaciones buscarían fusionar la feminidad con categorías obscenas según los planteamientos de George Bataille, quien ve que “el exceso erótico de la pornografía destroza la unidad ilusoria del sujeto que mira y así fuerza una rotura crítica en el sistema de valores burgueses” (Dalmau, 2012).

Pero, la post-pornografía no está limitada a la deconstrucción de las categorías femeninas, y por consecuencia de las masculinas, sino que se entiende además como:

“[…] la cristalización de las luchas gays y lesbianas de las últimas décadas, del movimiento queer, de la reivindicación de la prostitución dentro del feminismo, del postfeminismo y de todos los feminismos políticos transgresores, de la cultura punk anticapitalista y DIY (en inglés “do it yourself”, es decir: hazlo tú misma)” (Trerotola, 2011, p.224).

Desde la década de los 90’s, el feminismo incorporó la teoría Queer como un vector propio, con base en la deconstrucción planteada por Derrida. El vocablo Queer es una reivindicación y resignificación de desviado, como un resultado de un ejercicio deconstruccionista. Si en un origen, Queer era un concepto negativo asociado a la marginalidad, con la deconstrucción, este implicaría un sentido positivo en que el desviado busca constituir la norma. Judith Butler[6] (1956-presente), es una de las feministas Queer de mayor influencia al construir su teoría desde la noción del género, al dejar atrás el binario de sexos. La corporalidad será importante para Butler, pues el cuerpo se constituye en la esfera pública, porque es “agencia e instrumento”, por lo que “el hacer” y el “ser deshecho” se tornan ambiguos (2004, p.40). De esta manera y gracias a un deseo de reconocimiento –de carácter extático– se transformaría el significado de persona y de lo humano.

Butler sigue los lineamientos foucaultianos al afirmar que el género estaría normado no solo por una norma, sino también de forma inconsciente. Es decir, el saber-poder forma al sujeto, por lo que también se deviene sujeto por la misma regulación. En el género se naturalizan categorías femeninas y masculinas, pero también da el espacio para rehacerlo, desconstruyéndolo y desnaturalizándolo (Ibídem, p.70). Estos postulados los recogerá Paul Beatriz Preciado (1970-presente), quien concibe que desde la posición pro-sex del feminismo se lograría alterar el dispositivo pornográfico, para mutar las categorías de la pornografía tradicional. El post-porno como movimiento:

“[…] supone una inversión radical del sujeto de placer: ahora son las mujeres y las minorías las que se reapropian del dispositivo pornográfico y reclaman otras representaciones y otros placeres” (Preciado en Salanova, 2011, p. 51-52).

En Manifiesto Contrasexual (2000), Preciado, concibe la sexualidad como una forma jurídica que se manifiesta públicamente, el que emana del individuo. Tiene como punto de partida que “lo sexual es político”[7] pues Preciado verá, al igual que Butler, que la sexualidad es pública al hacerse con otro. Tomará los respaldos teóricos de Foucault al ver que la sexualidad estaría normada por relaciones, pero también por instituciones que buscan penalizar algunos actos (como la sodomía, el incesto, el aborto o la pedofilia). Para emanciparse de este sistema normado, Preciado dirá que la sexualidad es un campo de lucha en que expresiones sadomasoquistas, el fist-fucking[8] o lo drag queen serían funcionales a una Sociedad Contrasexual[9]. La Constrasexualidad se instala como una “contra-productividad, es decir, la producción de formas de placer-saber alternativas a la sexualidad moderna. Las prácticas contra-sexuales que van a proponerse aquí deben comprenderse como tecnologías de resistencia, dicho de otra manera, como formas de contra-disciplina sexual” (Preciado, 2011, p.19). La Sociedad Contrasexual busca desplazar los órganos sexuales femeninos y masculinos, a través de la parodia y la inversión de categorías, el uso de dildos, la erotización del ano y la realización de prácticas BDMS. La post-pornografía devino en un dispositivo que busca mostrar una nueva forma de entender la sexualidad y los cuerpos, para invertir la sexualidad y, por extensión, subvertir el sistema político.

El pornoterrorismo

La escena española ha sido uno de los puntos en que el posporno se ha desarrollado con mayor profundidad. Quizás por la influencia de teóricos como Preciado, también se ha instalado una escena cinematográfica relevante. Diana J. Torres (1981-presente) oriunda de Barcelona, junto con Pablo Raijenstein, es una de las fundadoras del movimiento Pornoterrorismo. En el contexto de los ataques a las Torres Gemelas −en que la televisión se vio copada de imágenes terroristas− Torres reelaboró una presentación fechada para el 12 de septiembre, en que ella vestida con burka penetraba con un dildo a Raijenstein, quien vestía ropas de soldado estadounidense. El propósito era provocar y aterrorizar a la audiencia, pues de este modo no dejaría indiferente a nadie (Torres, 2010).

Torres señala en una entrevista del 2010, que el pornoterrorismo es una forma más de terrorismo, pero no tan violenta. Y el porno busca la excitación. Entonces el pornoterrorismo busca crear un estado de excitación que provoque en las personas un sentimiento de apertura. Así las personas estarían más susceptibles a recibir un mensaje político que, por un lado, instala la liberación sexual y, por otro, cuestiona el privilegio eurocéntrico. Enfatiza que desde la sexualidad se hace política, porque toda práctica sexual lo es (Ídem). El pornoterrorismo es sexo explícito que incorpora una discursividad compleja, transgresora y deconstruccionista.

Puede ser complejo imaginar una performance pornoterrorista sin verla, pero ayudaremos al lector a hacerse una idea de estas: en una de sus performances en Barcelona, Torres se masturbó con una salchicha cubierta con un preservativo, el que posteriormente botó, para luego cortar en lonjas la salchicha, para así convidarlas a los espectadores. El pornoterrorismo se basa en la deconstrucción de las categorías sexuales, pero de manera aún más radical que la post-pornografía. Prácticas usuales pueden ser las sadomasoquistas, la mutilación corporal, orinar y defecar sobre otros cuerpos. También performar otros géneros o incluso ninguno. Es común ver mujeres que usen arnés con dildos para penetrar otros cuerpos; pero también hombres que se dejen penetrar con ellos. Buscan instalar cuerpos fuera de la norma: cuerpos peludos y/o con sobrepeso, de manera que no se logra erotizar completamente, pues rápidamente irrumpe un discurso político radical.

También es importante destacar que Torres ha sido una de las impulsoras del festival de cine La muestra marrana, el quebusca presentar el dispositivo post-pornográfico como parte de la lucha feminista. Además, ha colaborado con Itzia Ziga, conocida en la escena como Devenir Perra, quien señala en un video promocional en su página web,[10] que no busca tener una feminidad de chicas buenas, sino una feminidad radical. Esto implica ser subversiva, insurgente, paródica, sucia, feminista, política, bastarda, ocupa, exaltada, entre otras. “Somos manadas furiosas, devenimos perra”, señala de forma burlesca y transgresora.

Conclusiones

La pornografía convencional busca generar excitación sexual. El dispositivo post-pornográfico, en cambio, son prácticas artísticas y políticas para subvertir el sistema. A través de la deconstrucción, busca resignificar lo que se concibe como marginal o periférico, como una lucha revolucionaria contra la norma. Las matrices que sostienen este nuevo dispositivo se alimentan de las propuestas del dispositivo de Michel Foucault, la deconstrucción de Jacques Derrida, la identidad de Judith Butler, y las propuestas contrasexuales de Paul Beatriz Preciado. El pornoterrorismo, como una subcategoría de la post-pornografía, es más radical, desagradable y abyecto artística y políticamente, al tiempo que busca transgredir y deconstruir la naturaleza humana, las relaciones sociales y por extensión el sistema político Occidental y Paraoccidental. Ambas corrientes buscan instalar a la sexualidad como parte de la esfera pública, y por eso sería un campo de batalla que exige politizar todo acto y práctica sexual. Esto se evidencia cuando buscan derrocar la heterosexualidad o cuestionar agresivamen.te las prácticas naturales de la mayor parte de la humanidad.

Bibliografía:

Castro, Ernesto. (2020) Michel Foucault. En Historia de la Filosofía. Recuperado de: https://youtu.be/uVIt4MX7kvU

Dalmau, Miguel. (2012) El ocaso del pudor. Barcelona: Edhasa.

Despentes, Virginie. (2007) Teoría King Kong. Barcelona: Melusina.

Foucault, Michel. (2010): “Michel Foucault, una entrevista: sexo, poder y política de la identidad”. En Obras esenciales. Barcelona: Paidós.

Foucault, Michel. (2018). Entrevista en la Universidad de Lovaina (1981). En Youtube. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=6wywfNNSjWM  

Gianini, Humberto. (2005) Breve Historia de la Filosofía, XXVII edición, Santiago de Chile: Ed. Catalonia.

Powell y Howell. (2004) Derrida para principiantes, Buenos Aires: Era Naciente.

Preciado, Paul Beatriz. (2011) Manifiesto contrasexual. Barcelona: Anagrama.

Preciado, Paul Beatriz. (2010) Pornotopía.  Barcelona: Anagrama.

Sprinkle, Annie. (s,f) A Public Cervix Anouncement. En Anniesprinkle.org. Recuperado de http://anniesprinkle.org/a-public-cervix-anouncement/

Sáez, Javier. (2015) El macho vulnerable: pornografía y sadomasoquismo. En Parole Queer Blogspot, Recuperado de: http://paroledequeer.blogspot.com/2015/03/el-macho-vulnerablepornografia-y.html

Salanova, Marisol (2011) Orígenes de la iconografía BDSM en la estética postporno. Tesis de Máster en Producción Artística, Depto. De Escultura, Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia.

Trerotola, Diego (2011) Postporno como tecnología degenerada. En El cine y los géneros. Conceptos mutantes. Buenos Aires: BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).  

Vásquez Rocca, A. (2016) Derrida: deconstrucción, diffèrance y diseminación. Una historia de parásitos, huellas y espectros. Nómadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. No. 48(2). P.289-301.

Ziga, Itzia (s,f) Video promo Devenir Perra. En Devenir Perra Blogspot. Recuperado de: http://devenirperra.blogspot.com/


[1] https://revistaentrelineas.cl/2020/03/02/la-relacion-entre-feminismo-y-pornografia-una-mirada-hacia-las-tesis-antipornografia-de-dworkin-y-mackinnon/

[2] BDSM es un acrónimo que agrupa las prácticas sexuales de Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo.

[3]  Se recomienda al lector tener en cuenta este concepto, pues posteriormente la teoría Queer buscará resignificarlo.

[4] Otros teóricos desarrollan la concepción de dispositivo. En Gilles Deleuze se entiende a través del concepto de Máquina, pues su dispositivo implica líneas de fuerza que generan una red de poder-saber, pero también de subjetividad; por otro lado Giorgio Agamben asocia el dispositivo con la positividad, es decir creencias, reglas y rituales de una sociedad.

[5] Fue un filósofo chileno, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 1999, y profesor en Filosofía en la Universidad de Chile y en universidades extranjeras.

[6] Entre sus principales libros destacan El género en disputa (1990), Cuerpos que importan (1993), Deshacer el Género (2004), Mecanismos psíquicos del poder (2010), Cuerpos aliados y lucha política (2017), entre otros.

[7] Frase célebre de Kate Millet, feminista radical de la década de 1970.

[8] Es la práctica sexual de insertar un puño por el recto.

[9] Preciado señala que este concepto proviene directamente de Foucault (p.19).

[10] Itzia Ziga (s,f) Video promo Devenir Perra. Recuperado de: http://devenirperra.blogspot.com/