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Lefebvre, otra vez: las consagraciones que remecen a Roma

La tormenta de verano acechaba en Écône, Suiza. Fueron cuatro los nuevos obispos consagrados por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) que desataron la tempestad eclesial: no tenían el mandato expreso del Papa León XIV.

Por Entre Líneas

La respuesta de la Santa Sede no tardó: los obispos consagrantes y los nuevos consagrados fueron excomulgados. E incluso, en un gesto inusitado, se emitieron advertencias canónicas hacia los sacerdotes y fieles de la Fraternidad.

Un quiebre de décadas

El conflicto no es nuevo. La FSSPX, fundada en 1970 por el arzobispo Marcel Lefebvre, se reconoce católica y romana, aunque mantiene desde hace décadas una situación canónica irregular. En la base de la discordia están los resultados del Concilio Vaticano II (1962-1965), que revolucionó la vida pastoral y doctrinal de la Iglesia.

La reforma posconciliar más visible fue la del misal romano, que estableció una liturgia distinta a la codificada en 1570, conocida como misa tridentina. Pero las discrepancias también alcanzan materias como la libertad religiosa, el ecumenismo y la comprensión de la Iglesia en el mundo moderno.

Opuesta a varias de esas transformaciones, la FSSPX ha resistido las exigencias de Roma de aceptar el Concilio. El antecedente decisivo fue 1988, cuando el arzobispo Lefebvre consagró sin mandato pontificio –también en Écône– a cuatro obispos, lo que motivó la excomunión impuesta por la Santa Sede.

En febrero, y a falta de acuerdo, la Casa General anunció que los obispos actuales ordenarían a cuatro nuevos prelados, incluso sin autorización pontificia. El argumento volvió a ser el estado de necesidad en que se encontraría la Iglesia desde el Concilio. Según la Fraternidad, sin nuevos obispos, sus fieles quedarían privados de los sacramentos y la doctrina en las formas tradicionalmente entregadas por la Iglesia.

La jornada en Écône

A las 9 de la mañana, cerca de quince mil personas se reunieron en la ladera del cerro donde está el Seminario Internacional San Pío X. El ambiente fue de calma y entusiasmo contenido por la solemnidad del acto.

La ceremonia fue presidida por el obispo Alfonso de Galarreta, uno de los dos sobrevivientes de las consagraciones del ‘88, acompañado por más de ochocientos miembros de la institución. Fueron consagrados los religiosos Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet y Marc Hanappier, que ya ejercían distintas funciones al interior de la Fraternidad.

Durante la elevación de la hostia resonó el primer trueno. Poco después se desató una lluvia intensa que obligó a interrumpir la celebración y la distribución de la Eucaristía. La espera fue acompañada con el canto en latín, de los misterios gloriosos del Rosario. 

Predicó el Superior General de la FSSPX, don Davide Pagliarani, quien exhortó a los consagrados a “ser obispos para transmitir, no para innovar”.

La reacción de Roma

Durante los días previos, Roma había intentado evitar la ruptura. El 29 de junio, León XIV envió una carta al Superior General, en la que reconoció su “adhesión a la vida litúrgica, el compromiso en la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición”, pero le pidió desistir de un “acto cismático[1].

Al día siguiente se materializó la advertencia: el Dicasterio para la Doctrina de la Fe declaró excomulgados a los obispos consagrantes y a los nuevos obispos, y amonestó a los fieles a “no adherir al cisma[2], bajo pena de ser considerados también excomulgados.

La Fraternidad aún no emite réplica.


[1] https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/letters/2026/documents/20260629-lettera-fraternita-sanpiox.html

[2] https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2026/07/02/0568/01078.html

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