Por el caballero leproso
Karmel o Hak-Karmel es un término hebreo que refiere al jardín fértil o campo cultivado. Así se llama al Monte Carmelo, mística cordillera que mira de frente al Mediterráneo y cuyas faldas se cubren por los jardines de Jaifa, mientras que el contiguo valle de Jezreel lo separa de las más altas cumbres galileas.
Esos parajes del Profeta Elías, siglos más tarde, serían ocupados por la combinación de peregrinos y cruzados que pasarían de eremitas a mendicantes en torno a la espiritualidad del Carmelo y la pulchra Mater.
Pero Chile es también un campo bordado con vistas al mar, entre las no menos mistéricas cordilleras de Los Andes y de la Costa.
Una señal marítima y terrena. Por ello, la Virgen del Carmen logra ser tan nuestra, sin perder su tono universal.
Cubre con su manto a los hijos de Chile desde fines del siglo XVI, mismo que conociera la reforma de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. La advocación, patrona universal de marineros, se asentó en Chile para pasar de la devoción popular al patronazgo de sus ejércitos en 1818, y definitiva Reina de Chile en 1926.
Esperanza en medio de tormentosos mares y promesa de aguas que pongan fin a la sequía, como anticipo de un triunfo de proporción espectacular, que en tiempos de Elías implicó la muerte de los falsos profetas. Más recientemente, se encuentra en la gloria conocida por los videntes de Fátima, con ocasión del milagro del sol.
De allí que, en un país donde el fin del mundo es geografía y tránsito, la Reina del Monte Carmelo asuma un rol central en su generación, transcurso y conclusión.
Este es el motivo por el que, en las postrimerías del sangriento 1891, el Presidente Almirante Jorge Montt ordenó aprovechar el bronce de los exhaustos cañones, para con ellos fundir una imagen de paz y triunfo inmortal.
Es así como desde 1894 se ubica en lo alto del Monte Carmelo, hoy a medio andar entre el Hotel Stella Maris y el Convento, una estatua chilena de bronce, con una inscripción que reza:
«La República de Chile consagra este monumento a la Madre de Dios, Virgen del Carmelo Patrona jurada de sus ejércitos Protectora especial de sus hogares. En testimonio de gratitud y del amor que deben a Ella la nación y sus hijos. Ave María, gracia plena da a los chilenos que te Veneran, amor de Patria y amor de Dios».
