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Espada Sagrada

Por el caballero leproso

La espada más famosa de Europa, Excalibur, tuvo a su preclaro portador en Arturo Pendragón, el mítico rey medieval cuya valentía y hazañas forjaron el horizonte basal para la tradición caballaresca.

En Chile, la más afamada espada también perteneció a un Arturo. Caballero del mar en tanto oficial naval, y de las letras, dada su investidura de abogado. Como todo caballero, Prat no inventó nada, sino que continuó una tradición recibida desde antaño, por sangre y tierra, tomando las decisiones precisas para alcanzar el mejor resultado posible.

“Dios nos guía y lo que sucede es lo mejor que nos puede suceder” fue su máxima orientadora, lo que equivale a aceptar de antemano toda cruz, confirmando así una fe resuelta en la nobleza del espíritu que no puede no implicar sacrificio.

En el filme Excalibur (John Boorman, 1981), Arturo es nombrado caballero por uno de sus oponentes, al reconocer éste el poder de su espada y la grandeza de su nombre[1]. Algo equivalente habría de ocurrir por parte del Almirante Grau, al conservar las reliquias del héroe, y devolver el arma a su amada viuda.

Y aunque nuestro Arturo no fue rey, sí que supo ser aquel “buen padre de familia” que proclama el Código Civil. A tal punto que tempranamente debió ofrendar su vida para asumir la paternidad de un país que no conseguía verse hijo de sus anteriores hombres notables.

Como tal, Prat cumplió con ser un buen administrador de bienes, desde su vida personal hasta su ejercicio público, instruyendo las órdenes que lograron retrasar el avance enemigo aquel 21 de mayo —y salvaguardar así el libre paso de los suministros que habían zarpado sin escolta desde Valparaíso hasta Antofagasta, clave para la pervivencia del ejército—, a la par de predicar con el ejemplo tras abordar a un enemigo infinito, cuan caballero ante el dragón de hierro, para vencerle con su muerte.

Tras ella, sus oficiales supieron cumplir con su deber, como los caballeros de Arturo en la búsqueda del Grial para la restauración de un reino, que siempre es espiritual antes que temporal.

Por tanto, si la maestra Mistral dio en el clavo al proponer lo innecesario de acudir a Grecia y Roma para enseñar el heroísmo —pues Prat fue toda Esparta— tanto más complementamos que para iniciar en la caballería a nuestros críos, nada anhelamos de Europa, si entre Esmeralda y Covadonga descubrimos a los Nibelungos junto a toda la Tabla redonda.


[1] https://www.youtube.com/watch?v=bl2u2c6e0ek (Consultado el 21 de mayo 2026)

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