Por Kevin Orellana
Estaba matando neuronas en Instagram cuando apareció un poema llamado Piel de ángel, firmado por Pablo Clon. Su escritura es delicada y melancólica. Imagino que el título le llegó por inspiración divina, mientras caminaba por el cementerio.
Ésta no es una impresión arbitraria: lleva doce años trabajando en uno. No sé si los poetas siempre tienen trabajos interesantes o hacen de sus trabajos algo particular. Hablo de los poetas de verdad. Que se juegan la vida con su elección. No de los que viven a base de dinero del estado y besitos en el culo a las autoridades del medio.
Pablo Clon, que es argentino, escribe poesía, hace música y ve mundiales de fútbol en los que nosotros, los chilenos, no clasificamos. Tiene un acento tierno y simpático. Se le escucha relajado. Esto último lo sé gracias a la comunicación por internet. Yo le escribí con cero esperanza de que me respondiera. Pero aquí estamos, realizando un cruce de preguntas y respuestas que pretenden ser “periodísticas”.
—¿Quién es Pablo Clon?
“Soy un tipo que escribe, hace música y trabaja en un cementerio. Soy de Géminis y me interesan muchas cosas distintas”.
—¿Por qué escribe poesía?
“No sé. Creo que es mi reacción a la melancolía”.
—¿La poesía te escogió o la buscaste?
“Cuando tenía 16 años leí a Rimbaud y elegí la poesía como refugio. O eso sentí en ese momento”.
—¿Cuántas emociones caben en un poema?
“Las necesarias para no reventar por dentro”.
—¿Algún verso para el amor?
“Cuando te falta el aire, el amor no es tan importante”.
—¿Algún verso para el Juicio Final?
“Ahora, con broncoespasmo, no tengo versos para el Juicio Final. Sólo espero que me reciban con aire limpio”.
Esta entrevista ha sido caótica y accidentada. A Pablo le dio gripe y el asma no ayudó mucho a su recuperación. En los audios que me mandó, apenas se le escuchaba. Casi hace la entrada definitiva al patio de los callados. Algunas preguntas las respondió estando convaleciente. Entre el cielo y la tierra.
—¿Qué hace un poeta en un cementerio?
“Mi trabajo. Hago sepelios y mantenimiento. Mi función principal ahí es operativa”.
—¿Qué aprendiste sobre los vivos trabajando entre los muertos?
“Que los vivos hablan demasiado para no recordar que están muertos también”.
La publicación de Pablo acumula veintiún mil y tantos «me gusta». El problema de los hijos chuecos de la poesía es que abundan los que se quieren mostrar, con poco que ofrecer, llenando de basura un espacio que podría ser sacro. Entre tantas palabras, demasiados textos publicados constantemente, encontrar algo verdaderamente bello es difícil.
Lo bueno es que hasta en el infierno existe la esperanza. Uno puede terminar cruzándose con un texto sobre Evangelion que te deja mirando al cielo, pensando en los buenos trabajos que todavía quedan por descubrir. Uno se da cuenta de que no todo está perdido. El poema n.° 10 del poemario Piel de ángel dice:
Para Ritsuko
el amor es un algoritmo
que la traicionó.
—¿Cómo se siente la piel de un ángel?
“Ni idea. Yo sólo escribo sobre ellos, no los toco”.
—¿Por qué hacer poemas sobre Evangelion?
“Porque volví a ver el anime después de mucho tiempo y me encantó verlo de nuevo. El impacto fue tan directo que la única forma de procesar lo que me provocó fue escribiendo. No hay una teoría compleja detrás, sólo el impulso de traducir una experiencia visual en palabras”.
—¿Pensabas que tus textos sobre Evangelion iban a tener tanta llegada?
“No lo pensé, me sorprendió. Uno escribe para sacarse el impulso de encima”.
—¿Personaje favorito de Evangelion? ¿Por qué?
“Shinji. Porque a diferencia de otros protagonistas de anime que buscan salvar al mundo con valentía absoluta, Shinji llora, duda y tiene miedo. Tiene una honestidad brutal”.
—¿Un episodio de la serie que te haya volado la cabeza?
“Todos los episodios de la serie original. Y la peli The End of Evangelion es una maravilla pura también”.
—¿A favor o en contra de la instrumentalización humana?
“Somos demasiados y nos hacemos demasiado daño; un poco de fusión en el LCL no vendría mal. Pero estoy en contra. Pienso como Shinji”.
—¿Qué piensas de la relación entre la literatura y el internet?
“Internet acelera todo. Los textos llegan más rápido, pero se pudren más rápido también. No sé si es bueno o malo. Es lo que hay”.
Efectivamente, es lo que hay. Igual, dentro de todo, estamos en contacto gracias a Internet. Por casualidad, el internet me mostró sus poemas. Casualidad, o la red de algoritmos que parecieran ir controlando mi propia existencia.
—¿Hay poemas que nunca publicaste porque sentiste que todavía no habían terminado de doler?
“He publicado cada pelotudez… Eso me duele”.
—¿Qué es más difícil: escribir un poema o dejar de corregirlo?
“Dejar de corregirlo. Escribir es escupir; corregir es autopsia”.
—¿Qué cosas ya no te interesan de la poesía contemporánea?
“El esfuerzo por parecer inteligente”.
—¿Crees que la poesía todavía puede incomodar a alguien?
“Solo si dejás de escribir para agradar”.
—¿Hay algo que jamás escribirías?
“Un libro de autoayuda”.
—¿Cuál fue el peor poema que escribiste?
“Uf, no sé… Son tantos los peores”.
¿Qué miedo aparece con más frecuencia cuando escribes?
“Que el poema sea puro ego”.
La poesía es un arte que muchas veces se acuesta consigo misma. Por eso pareciera que su descendencia es endogámica. Entonces aparecen especies de la peor calaña. No es el caso de nuestro poeta. Agrega lo justo y necesario; entre tantos, rellenamos los paréntesis de la conversación. Escribo, escucho y me pongo a editar textos mientras trabajo de digitador para un sindicato de empleados municipales de la salud. El sonido de las impresiones se repite todo el tiempo. Pienso, pienso, pienso en más preguntas para Pablo.
—¿Te importa ser leído o te importa haber escrito?
“Haber escrito. Lo que pasa después ya no depende de mí”.
—¿Alguna vez un lector entendió un poema mejor que tú?
“Siempre. Ellos leen lo que yo omití por miedo”.
—¿Qué palabra usas demasiado en tu vida?
“Uf… No sé”.
—¿Qué silencio todavía no pudiste escribir?
“El de la piel fría”.
—¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?
“Ningún epitafio. Ninguna tumba. Que me quemen y tiren mis cenizas en algún lugar lindo”.
—¿Qué es lo más vivo que encontraste en un cementerio?
“A Rubio, el perro guardián de la necrópolis”.
—¿Qué pregunta esperaste que te hicieran y nunca llegó?
“Ninguna”.
—¿Cuándo es un buen momento para escribir?
“Casi siempre”.
—¿Qué le gusta leer a Pablo Clon?
“Borges, Tolkien, Rimbaud, etc.”.
—¿Somos electrodomésticos que necesitan terapia?
“Sí, casi todos”.
—¿Qué le dirías a Dios?
“Dame otra oportunidad”.
