El Unabomber y el neoludismo: «La proyección hacia el presente de una revolución anti-tecnológica»

Juan Castro

“Nada humano saldrá con vida del futuro”.

Nick Land, Meltdown (1997)

Son los años noventa, la revolución informática permite la aceleración del proceso de globalización, se consolida consigo la Internet tal como la conocemos y se masifica a gran escala el uso de computadores de escritorio. La tecnología muta, permitiendo el acceso a la comunicación en proporciones sin precedentes en la Historia. A pesar de todo el optimismo que despliegan las nuevas tecnologías, surge paradójicamente un creciente temor y ansiedad respecto a estas y sus efectos en la vida humana, donde, en el mismo boom de la revolución informática, surge un boom de tendencias y movimientos contraculturales contestatarios de este proceso, entre los cuales, en el ambiente estadounidense, destacan el neoludismo y los ecologismos radicales.

Estos, a pesar de tener una serie de diferencias tanto en sus orientaciones teórico ideológicas como prácticas, se pliegan y convergen en tanto reacción a un fenómeno en común: el avance del sistema tecnoindustrial. En este artículo nos proponemos introducir a uno de estos movimientos contraculturales, el neoludismo, el cual suele confundirse con otros movimientos de su época por una suerte de parentesco. Se introducirá este movimiento de tal manera, que nos permitirá desarrollar el pensamiento de uno de sus exponentes más radicales: Theodore Kaczynski, el Unabomber. A quién se conoce más por su praxis extremista−incluyendo actos terroristas− y por toda la creación mediática en torno a su figura (con series de televisión incluidas)[1], que por sus postulaciones teóricas a favor de una revolución en contra de la tecnología modernamente entendida.

Con el nombre de neoludismo, hacemos referencia a una serie de tendencias contestarias respecto de las nuevas tecnologías surgidas y masificadas durante la segunda mitad del siglo XX. Los influjos filosóficos culturales de esta postura son tanto el pesimismo histórico como el pesimismo cultural, en donde “en la versión modernista del pesimismo tecnológico, la máquina destruye la humanidad del hombre arrojándolo a una artificial, oscuridad cultural iluminada fluorescentemente” (Herman, 2010, pág. 392). En una primera proto expresión orgánica, tenemos al The Berkeley Free Speech Movement[2] en la Universidad de California, Berkeley en los años sesenta.

Respecto al nombre de este movimiento contracultural, este proviene de los luditas, movimiento de origen inglés de trabajadores industriales y artesanos entre los años 1811 al 1817, los cuales en pleno auge de la primera Revolución Industrial destrozaban las herramientas industriales que consideraban como injustas para la producción.

La tecnología que agobia a los neoluditas es bastante diferente que la del siglo XIX, en gran parte son dispositivos microelectrónicos los cuales se insertan en toda área de la vida humana, volviéndose mucho más intangibles y abstractos que la concepción de la máquina clásica. Incluso, en su forma más actual, la tecnología deviene redes de información descentralizada, las cuales se caracterizan por su instantaneidad, facilidad de acceso y su articulación como la de “una especie de fluidos sin cuerpo que fluyen entre los diferentes sustratos sin perder el significado y la forma” (Hayles, 2010, pág. xi).

En contra de este estado actual de la tecnología, se formulan dos proposiciones básicas, con las cuales todo neoludita está de acuerdo: “(1) La tecnología en nuestras vidas cotidianas es central; y (2) parece ser inevitable su incremento a futuro” (Jones, 2006, pág. 4). De estas dos se erige el qué hacer con la tendencia a la expansión creciente de la tecnología, la cual deriva según el nivel de radicalización de los determinados grupos, lo cual pueden variar en iniciativas desde el activismo, protestas, propaganda, culture jamming, hasta acciones directas de sabotaje y atentados.

Volviendo a los luditas originales, estos se organizaron en torno a la figura de Ned Ludd, también conocido como el General Ludd o el Rey Ludd, quién fue un personaje ficticio[3] el cual “lideraba”, presuntamente, las bandas organizadas de trabajadores con el fin de destruir la maquinaría manufacturera, haciendo justicia contra la causa tras la destrucción y pauperización de sus formas de vida tradicionales. Así, este héroe-forajido adquirió características de otras figuras folclóricas inglesas, convirtiéndose a su vez en un personaje semi mitológico, con distintas versiones según expansión de su figura en el retrato oral y expansión real del movimiento ludita por Inglaterra.

El movimiento de trabajadores manufactureros realmente existente agrupados en la figura de Ned existió en conjunto con su misma mitificación, en donde los luditas se elevaron a una suerte de héroes del Romanticismo Británico. Idealización que en cierto sentido resulta bastante ad hoc para los contemporáneos neoluditas, los cuales pueden utilizarla para la construcción de su identidad como grupo subcultural. Esto lo precisa Steve Jones en su libro “Against Technology: From the Luddites to Neo-Luddism” (2006), en donde destaca que el actual neoludismo: “deriva en última instancia de las representaciones de los luditas históricos, textos y mitos y leyendas, en donde son todo lo que realmente tenemos, así como la no siempre consciente influencia de esas representaciones” (pág. 6).

De esta manera, los neoluditas se sitúan ellos mismos como la continuidad del ludismo histórico, a través de la crítica a la ideología del progreso técnico. No obstante que la acepción de esta continuidad suscita importante controversia al interior del movimiento[4]. Omitiendo ello, la continuación anti-tecnológica neoludita se infiere de la reacción ante las nuevas formas de comercio y producción, herederas de aquellas a las cuales se oponían los luditas históricos.

Dado estos antecedentes, extrapolaremos la figura de Ned Ludd para los luditas, a la figura del Unabomber con los neoluditas, el cual a pesar de haber trabajado como “lobo solitario” y sin vínculos directos con ninguna otra organización autodenominada neoludita, es una de las figuras más prominentes en el imaginario popular. Con su testimonio inspiró a algunos colectivos actuales y ha instalado el tema en cuestión ante la opinión pública (de una manera un tanto escandalosa, por decir poco), particularmente en aquellos momentos donde el debate por la dependencia tecnológica cobra mayor relevancia.

Mas, antes de revisar a la figura del Unabomber y su teoría política, cabe destacar que hay varias versiones y tendencias diferentes del actual movimiento anti-tecnología, a lo cual Kaczynski representa solo una de estas. Hay versiones que se alinean con un anticapitalismo de izquierdas, versión alejada tanto de los postulados del Unabomber cómo de otros neoluditas. Esto en base a tres razones fundamentalmente:

  • Como forma de control de daños para no resultar asociados a estos (específicamente al Unabomber).
  • Creen que los neoluditas no anticapitalistas tienden a ser conservadores y fundamentalistas, a lo cual estos “hacen un fetiche de los valores familiares, las comunidades rurales y sostienen una sobre simplificación de las enfermedades sociales posmodernas” (Jones, 2006, pág. 227).
  • Creen que el verdadero legado del ludismo históricamente entendido es la negación a la noción de progreso burguesa configurada por la Ilustración, y no la noción de futuro la cual conlleva el cambio de las formas de vida por la tecnología.

Es esta última razón la cual el Unabomber atacó incontables veces cuando menciona lo que él denomina el izquierdismo, los cuales desde su punto de vista son “la primera línea de defensa de la sociedad tecnológica en contra de la revolución” (Kaczynski, 2010, pág. 14). Esto se desarrollará más adelante en conjunto con el pensamiento del doctor en matemática.

El caso Unabomber y su concepción revolucionaria anti-tecnológica

Theodore Kazcysnki, más conocido como Unabomber (nombre asignado por la FBI a su caso), es un matemático, terrorista doméstico y actualmente convicto de por vida en la prisión de alta seguridad de Colorado. Su caso recibió atención mediática internacional por su capacidad de evadir a la FBI por diecisiete años, situación que obligó a contar con un equipo de más de ciento cincuenta trabajadores a tiempo completo.

Kazcysnki fue un prodigio en el área intelectual, entró a la Universidad de Harvard para obtener la licenciatura en matemáticas a los dieciséis años y a la edad de veintitrés ya poseía un máster y doctorado en la universidad de Michigan en esta misma disciplina. Dio clases de matemática en la universidad de Berkeley durante dos años, a lo cual por el año 1971 decide alejarse lo más posible de la sociedad, comprando un terreno en un bosque en Montana, construyendo su propia casa y pasando a vivir de la manera menos dependiente tecnológica y socialmente.

El nombre puesto por la FBI deriva de las áreas donde fueron ejecutados sus atentados (University Airport Bomber). Su caso generó varios precedentes y controversias, una de estas fue la decisión del Buró Federal de Investigación Estadounidense de publicar su manifiesto titulado “La Sociedad Industrial y su Futuro” (1995) tanto en el periódico The New York Times como en el The Washington Post. Esto debido a la promesa de Kazcysnki de dejar de hacer atentados si era publicado, a lo cual el FBI aprovechó el auge mediático para ofrecer una recompensa por sus datos.

De esta publicación masiva, las ideas del Unabomber se diseminaron en la opinión pública, en donde firmó en su manifiesto con el pseudónimo de Freedom Club (FC). Volcando nuestra atención a esta primera obra “La Revolución Industrial y su Futuro”, esta contiene en gran parte lo esencial de su pensamiento. Kazcysnki intenta demostrar que la Sociedad Industrial conlleva a un punto de no retorno, en donde su porvenir posee dos opciones radicalmente contraproducentes[5], y que son una suerte de callejón sin salida.

La primera alternativa es un colapso por la misma extensión del sistema a puntos insostenibles, lo que podrá producir su autodestrucción. En base al nivel de avance tecnológico en que se encuentre el sistema, será el nivel de fuerza de la implosión autodestructiva, en donde en el peor de los casos, puede vulnerar el planeta de tal manera en que las condiciones para la vida biológica no sean posibles. De esta manera, a mayor rapidez en el colapso, menos dañino será el resultado. De ahí la necesidad de una vanguardia revolucionara anti-tecnológica que evite el peor de los mundos posibles y precipite el colapso al corto/mediano plazo.

El segundo posible porvenir es que la Sociedad Industrial se sostenga, pero el costo de esto será la invasión radical de la conducta humana por los distintos artefactos tecnológicos, en donde la ingeniería social y genética permitirían un bienestar bobino del sujeto humano, al precio de un periodo doloroso de décadas de ajuste del ser humano al nuevo tecnosistema, en donde se deberá “estar permanentemente reduciendo a los seres humanos y otros organismos a productos de ingeniería y meros engranajes de la maquinaria social. Además, si el sistema sobrevive, las consecuencias serán inevitables: No hay forma de reformar o modificar el sistema, así como prevenirlo de privar a las personas de su dignidad y autonomía” (Kazcysnki. 2010, § 2 pág. 38).

De esta manera, la Revolución Industrial y sus avances, se caracteriza manera esencialmente negativa y perjudicial para el ser humano y su entorno, en donde la incontable cantidad de trastornos psicológicos actuales son sintomáticos de un sistema que no respeta la naturaleza humana. Precisamente, la gigantesca mayoría de la historia evolutiva de nuestra especie ha sido sin el uso (y abuso) de la alta tecnología, y por tanto esta no es necesaria para su correcto desarrollo. Cabe destacar que el matemático no idealiza la vida primitiva, pero si la prefiere ante el desolladero que proyecta el futuro de las sociedades industriales tardías.

Uno de los trastornos más comunes que reconoce el Unabomber, dados de los incontables problemas de nuestras sociedades es el de la hiper-socialización, tendencia la cual conlleva una serie otros problemas asociados como los sentimientos de inferioridad, baja autoestima, etc. Este afirma que el mejor ejemplo de la manifestación de estos trastornos en nuestras sociedades actuales es el caso del izquierdismo. Kazcysnki clasifica a los denominados izquierdistas no necesariamente por una ideología en concreto sino por una clasificación dada por una tendencia general del tipo psicológico, aunque se podría afirmar que por la descripción amplia que da de estos, la cual se citara a continuación, se les podría equivaler con sistemas ideopolíticos deconstructivos-posestructuralistas;

“El izquierdista está orientado hacia un colectivismo a gran escala. Enfatizamos la obligación del individuo de servir a la sociedad y la obligación de la sociedad de cuidar del individuo. Tiene una actitud negativa hacia el individualismo. A menudo usa un tono moralista. Tiende a estar por el control de armas, la educación sexual y otros métodos psicológicos de educación «ilustrada», por el planteamiento, la acción afirmativa, el multiculturalismo. Tiende a identificarse con las víctimas. Tiende a estar contra la competición y la violencia, pero encuentra excusas para aquellos izquierdistas que usan la violencia. (…) Puede que el mejor diagnóstico es la característica de tender a simpatizar con los siguientes movimientos: feminismo, derechos gay, minorías étnicas y discapacitados, derechos de los animales, corrección política. Cualquiera que simpatice con fuerza con TODOS estos movimientos es casi con certeza un izquierdista. Es importante el entender que queremos decir alguien que simpatice con estos MOVIMIENTOS tal y como existen hoy en nuestra sociedad.” (Kazcysnki, 2010, § 229 pág. 111).

El Unabomber relaciona causalmente los trastornos psicológicos como una consecuencia de la no satisfacción de lo que él denomina el proceso de poder. Este proceso se produce con la triada meta/esfuerzo/logro de la meta. En una sociedad dada en donde no hay necesidad de satisfacer metas relacionadas con la supervivencia del individuo (o se satisfacen muy simplemente), se genera lo que se denomina actividades subrogatorias, las cuales son metas artificiales hechas solo con la finalidad de mantenerse ocupado y a la par, sentirse satisfecho cuando se llega a completar esta misma.

De esta manera, se evita la posibilidad de desmoralización de un sujeto, el cual no tiene metas o fines. Las actividades subrogatorias se incrementan radicalmente en la actualidad, en tanto existe mayor tiempo para la disposición al ocio debido a las propias estructuras técnicas del trabajo, mientras que a la par, hay todo un mercado de competencia para ofrecer más actividades subrogatorias como lo son la(s) industria cultural(es) -en el sentido que le dan Adorno y Horkheimer-. 

La Sociedad Industrial permite en torno a la mera obediencia de sus reglas sociales la satisfacción tanto de las necesidades básicas de supervivencia, como el proceso de poder en base a las actividades subrogatorias. De acá surge un primer problema, las mismas actividades subrogatorias no permiten la plena satisfacción como la que genera una denominada meta real. La configuración de una meta real se da por la autonomía de un sujeto dado, y la autonomía según Kazcysnki, se estructura por el buen paso o satisfacción adecuada del proceso de poder en edades tempranas, en donde su contrario conlleva en la mayoría de los casos trastornos conductuales y psicológicos como los mencionados anteriormente.

El matemático propone que los problemas de incompatibilidad de la naturaleza humana con el mundo altamente tecnologizado (incompatibilidad que genera las diversas afecciones modernas) se da en tanto que el Sistema Industrial estructura condiciones las cuales no permiten la correcta satisfacción del proceso de poder, esto debido a (i) la deficiencia de metas reales que dependen de la autonomía del sujeto y (ii) la existencia de grupos humanos los cuales no pueden satisfacer sus impulsos sin importar el esfuerzo.

El segundo problema, dado de la relación entre metas reales y la autonomía se debe a que el sistema tecnoindustrial impone dinámicas de socialización que son excesivas (esto comparando a las dinámicas relaciones de seres humanos antes de la Revolución Industrial) pero necesarias para su reproducción en el tiempo, alterando la misma capacidad de autonomía y generando sobre-socialización. Esto se produce debido a los distintos aparatos desplegados que utiliza el tecnosistema como la propaganda, marketing, educación, psiquiatría, etc. Por la misma lógica de progreso tecnológico, los medios coercitivos se proyectan a su aumento.

Con esto Kazcysnki evalúa positivamente las sociedades anteriores a la Revolución Industrial, debido a que poseían mayor libertad personal debido a que las distintas instituciones no tenían los elementos técnicos para forzar los deseos de las distintas elites gobernantes. Respecto a este último concepto, el cual es uno de sus principales factores de su neoludismo, Kazcysnki lo entiende de la siguiente manera:

“Por libertad entendemos la oportunidad de ir por el proceso de poder, con metas reales, sin metas artificiales y sin la interferencia, manipulación o supervisión de nadie, especialmente de cualquier organización grande. Libertad significa estar en control (tanto como un individuo o siendo un miembro de un grupo PEQUEÑO) de los problemas de la vida y la muerte, de la propia existencia (…) Libertad significa poder; no el poder para controlar a otras personas, sino que poder para controlar las circunstancias de la propia vida. Uno no tiene libertad si alguien (especialmente una gran organización) tiene poder sobre uno, no importa cuán benevolente, tolerante, permisivo sea el poder que sea ejercido” (Kazcysnki, 2010, § 94 pág. 64).

Este concepto de libertad recuerda claramente a la noción de libertad del anarquismo de corte individualista. La capacidad de generar refinados mecanismos de control del sistema tecno-industrial lo hace radicalmente antagónico con esta, e incluso, debido a la propia capacidad del Sistema Industrial de autonomizar la tecnología de las demás esferas humanas, necesariamente controlará y agenciará la conducta y naturaleza humana en pos de su supervivencia como sistema. La tecnología como fuerza social es imparable, teniendo la capacidad de generar “compromisos” con distintos aparatos, los cuales se presentan como opcionales, pero en tanto que los mecanismos de la sociedad tienen a sustentarse en estos, se vuelven obligatorios. Por esta tendencia y la autonomización de la tecnología de las otras esferas humanas, el sujeto humano es incapaz de controlar como un todo al sistema tecnológico, solo pudiendo manejar y predecir pequeñas variables de la tecnología.

De esta manera, cualquier ápice de reformismo no serviría de nada contra el Sistema Industrial. De aquí que la única vía posible sea la de un horizonte revolucionario. Esto conlleva al Unabomber a postular “el qué hacer” para la posibilidad de una revolución anti-tecnológica. De aquí se vuelve importante la reflexión previa respecto al izquierdismo, cuya proyección sobre este se puede resumir en dos puntos:

  • La tendencia y auge del izquierdismo con sus trastornos guarda relación con la imposibilidad de la satisfacción del proceso de poder y es un indicativo de lo perjudicial del Sistema Industrial para el sujeto humano. Los izquierdistas del tipo hipersocializados con la hostilidad que caracteriza su conducta (la cual puede ser incluso perjudiciales para los movimientos que buscan defender) tienden a satisfacer su necesidad de saciar estos impulsos de poder con su pliegue a movimientos de masas y a grandes organizaciones colectivas.
  • La tendencia colectivista del izquierdismo permite infiltrar y coaptar movimientos revolucionarios en pos de sus demandas y por lo tanto son radicalmente antagónicos para una perspectiva de revolución en contra de la tecnología. Además, debido a este mismo colectivismo, si son capaces de hacerse del poder afirmarán el uso de la tecnología de manera incluso más fuerte y vehemente que las elites actuales para sus propios fines. Un ejemplo de infiltración es lo ocurrido al grupo ecologista radical EarthFirst! en los noventa.

Parte de la planificación de su estrategia por tanto sería excluir de manera sistemática a los denominados izquierdistas, dadas las razones anteriores. A la par, se afirma la creación de minorías lucidas (vanguardias) las cuales sean capaces de surcar por las principales contradicciones sociales del período y agenciarlas en pos del provecho del movimiento revolucionario anti-tecnológico.

En su breve texto “Hit Where it Hurts” (2002) apunta a las herramientas para esta vanguardia revolucionaría, las cuales serían la propaganda (la cual apunte a las características perjudiciales de la tecnología moderna), el activismo con sus formas legales de protesta y la acción directa a los puntos neurálgicos del Sistema Industrial, en donde se destaca la industria de la biotecnología, ya que es en esta, donde se visualiza el mayor potencial para la creación de elementos coercitivos a futuro.

Por último, Kazcysnki identifica que un movimiento revolucionario no solo debe definirse negativamente en relación con lo que se quiera superar, sino que debe postular elementos propositivos En sus propias palabras:

“El ideal positivo que proponemos es la Naturaleza. Esto es, naturaleza SALVAJE: aquellos aspectos del funcionamiento de la Tierra y sus seres vivientes que son independientes de la administración humana y libres de su interferencia y control. Y con la naturaleza salvaje incluimos la naturaleza humana, con lo que queremos decir aquellos aspectos del funcionamiento de la persona que no están sujetos a regulaciones por la organización social, sino que son productos del azar, o del libre albedrío, o Dios (dependiendo de tus opiniones religiosas o filosóficas)” (Kazcysnki, 2010, § 183 pág. 98).

Está afirmación doctrinaria radical inspira directamente a otros colectivos neoluditas que toman como suyos los llamados a incendiar la Sociedad Industrial. Esto no es casualidad, ya que fue el mismo Kazcysnki quién determinó las afinidades con otros grupos para una convergencia táctica contra el tecnosistema moderno, de donde se establece el internacionalismo, y se evalúa positivamente la colaboración de grupos ecologistas radicales en conjunto de anarquistas de orientación individualista. Se puede afirmar, que de este ideal propositivo el nombre del grupo Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, toma su inspiración.

De este modo, el Unabomber germinó el semillero ya desplegado a lo largo de un mundo en donde el neoludismo más radical, tendrá tanto futuro como vida tenga el Sistema Industrial. La acción de estos aumentará en tanto la tensión tecnológica sea más fuerte en la vida humana, mientras que su posibilidad de éxito dependerá de que tan efectivamente puedan leer las contradicciones de su tiempo para surcarlas en su favor.

Bibliografía:

Hayles, N. K. (2010). How We Became Posthuman: Virtual Bodies in Cybernetics,

Literature, and Informatics. Chicago: University of Chicago Press.

Herman, A. (2010). The Idea of Decline in Western History. Riverside: Free Press.

Jones, S. E. (2006). Against technology: From the Luddites to Neo-Luddism. New York: Routledge.

Kaczynski, T. J. (2010). Technological slavery: The collected writings of Theodore J. Kaczynski, a.k.a. «The Unabomber». Port Townsend, WA: Feral House.


[1]De las tantas producciones audiovisuales a su figura, destaca la serie “Manhunt: Unabomber” (2017) y el documental “Unabomber: In His Own Words” (2020).

[2] Movimiento estudiantil estadounidense que conformó las bases para el activismo político universitario radical. En una de sus diversas expresiones políticas, se originan las primeras críticas a la industria de la computación.

[3]Los líderes del movimiento de trabajadores textiles solían firmar con este nombre por fines estratégico-simbólicos. La inspiración de este personaje es incierta

[4] La controversia se da con dos posturas, la primera del neoludita Kirkpatrick Sale, el cual afirma que efectivamente el neoludismo es la continuación política y filosófica del ludismo histórico. La posición contraria es la de Jones, autor ya citado el cual defiende que el neoludismo hace una interpretación de una representación cultural del movimiento de artesanos y trabajadores, la cual no necesariamente la más correcta históricamente.

[5] Cabe destacar que en los últimos años el Unabomber ha ido cambiando levemente algunas de sus posiciones, una de las más notorias es el decanto por la inevitabilidad del colapso de la Sociedad Industrial. No es posible desarrollar esto aquí porque excedería la extensión del artículo, aunque si se delineará brevemente.

El desarrollo se encuentra en su último libro “The Anti-tech revolution: Why and how” (2016), el cual cuenta con una segunda edición de este año. Esta conclusión se sostiene en base a dos postulados, los cuales se sustentan por si solos (aunque se complementan) y están respaldados por sus correspondientes argumentos. El primer postulado se encuentra en el primer capítulo de este libro, el cual establece la imposibilidad de controlar el desarrollo de una sociedad racionalmente (y por tanto el sistema no se puede reorientar). El segundo establece la necesaria autodestrucción del sistema tecno-industrial, el cual se presenta y argumenta en el capítulo dos del libro en cuestión.